viernes, 3 de febrero de 2012

EL DÍA QUE MUERA, QUISIERA "NO" MORIR

 
Llevo un tiempo reflexionando sobre una frase que, el marido de una paciente me dijo una noche... fue algo como: "Dra. Ud cree que me la cuidaran bien adonde vaya?? He pasado los 66 mejores años de mi vida con ella, creame que cada minuto ha sido especial a su lado. Cómo es la vida sin una persona asi??? Ahora no voy a saber..."
    Inmediatamente después (o, incluso, yo diría que durante...) se me ocurrieron varias "animaladas" que decirle al más puro estilo "Ally Mc Beal" (sí, lo se, todos os habéis puesto super tiernos, pero a mi a veces me da el efecto rebote con estas cosas porque me salen millones de situaciones personales que, directamente, relaciono con estos episodios...). Luego me dió la sensación de encontrarme formando parte de alguna peli del tipo "El diario de Noa" (sí, es que esta noche me sentía yo una estrella de las pantallas... la grande... la pequeña...) y, seguidamente, me invadió una enorme tristeza, unas ganas de llorar como hacía tiempo que no tenía y sentí que necesitaba un abrazo... entonces me puse a llorar sin consuelo, porque cuando realmente necesitas un abrazo, si en ese momento descubres que no hay nadie a quien llamar para que te lo dé en cuanto te vea, sin tener que pedírselo, solo porque vea en tus ojos que lo necesitas, se activa una especie de circuito de retroalimentación positiva que ni el Neurocirujano de Anatomía de Grey sería capaz de consolarte, hiciese lo que hiciese... si, lo que quisiera... (me estoy dando pena... no es tan grave, es solo por la distancia... que mis amigos lo tienen chungo pa cruzar el charco así ipso facto en cuanto los llamas... es que lo de coger un avión es algo más elaborado que ir en coche).
    La pobre abuelita murió, pero yo firmaría ya por morirme de aquélla manera. Creo que no hay mejor manera de "NO" morir. Sí, luego os cuento. No es que me haya vuelto (más) loca...
    Con todo esto, y tendida en mi colchón de guardia que reposaba sobre el fresquito suelo del entrañable zulillo en el que dormimos (os prometo que he intentado hacer una descripción muy "light" para continuar con el toque "romántico" de la historia... pero es que porque no lo véis, pensaréis que lo hago adrede, pero teniendo la imagen de ese lugar en la cabeza, hay pocas cosas agradables que te salga decir así de manera espontánea). Pues en esas circunstancias, recordé y rescaté una conversación que días antes tuve con un buen amigo.
    Os cuento: en el contexto de un fin de semana lleno de energía positiva, surrealismo y largas conversaciones divagando sobre la vida, me hizo una pregunta que me quedé con ganas de contestarle (es que yo a veces me quedo como flasheada y no reacciono... yo creo que fue eso lo que me pasó... y luego me lo guardo todo dentro y va haciendo pelotilla hasta que la pelotilla se vuelve pelotón y tiene que salir por algún sitio... así que... querido Ciborg-pitufo por extensión, hoy toca dar una contestación a esa pregunta).
   Me preguntó que yo para qué quería un novio, si eso a mí no me pegaba con lo independiente que yo era y lo bien que me lo montaba yo sola... (pues ya... pero nadie dijo que fuesen dos cosas incompatibles!!!). Antes de contestar, aclararé un par de cosas: una, que nunca dije (se que no me váis a creer, pero por si aún no os habíais dado cuenta, soy un poquito "atípica", que es una manera sutil de decir que soy más rara que un perro verde), nunca, nunca... que yo lo quisiera. Ni siquiera que hubiese querido tener pareja en algún momento de mi vida; y, dos, que esto no nos salió así de la nada... que el finde fue surrealista pero a tanto no llegamos. La pregunta fue bastante salida de la nada, pero antes habíamos estado hablando sobre las relaciones raras de mi vida (vamos, casi todas), que algún día si me animo os contaré (pero eso es otro capítulo aparte). Una vez aclarado esto, contesto: NO QUIERO UN NOVIO!!!! No es que sea uno de mis objetivos a cumplir para que "no se me pase el arroz" (como dice mi abuelo) o que, si se me pasa, sea en compañía que parece que se lleva un poco mejor y es menos traumático. Yo creo que en la vida, uno no está solo, está con sí mismo, disfruta de su propia compañía, y que, compartir esa compañía tan valiosa ,y que tanto cuesta de criar, con otra persona, es un privilegio. Así que no quiero un novio que me diga "te quiero, te adoro, te compro un loro" y que me de la razón como a los locos para que yo  me monte mi cuento de princesas y piense que es todo perfecto en mi mundo virtual y luego con los años, acabe dándome cuenta, de que en lugar de un príncipe, tengo a un sapo calvo, con gafas y barriguilla cervecera, que pasa las horas trabajando, delante de la tele o buscando planes para salir de casa porque se haya cansado de ver la misma cara todas las mañanas. Yo no quiero eso!!!!. A mí me gustaría (y por pedir que no quede...), tener el privilegio de, llegado el día, compartir con alguien todas mis alegrías, mi pasión por mi profesión, las historias de pacientes que me hacen llorar y las que me hacen reír, los silencios, los ruidos de mi vida... y que se sienta parte de ellos, que los haga únicos y que nos hagan únicos juntos, que los compare con los suyos y que sus momentos sean también míos.

 
    Me gustaría, tener el privilegio de "NO" morir un día en el corazón de esa persona que ha estado ahí, ya sean 66 años o 6 meses. "No" morir un día, mientras escucho a esa otra "naranja entera" que se quedó voluntariamente y el tiempo que quiso (y no el que las circunstancias le obligaron), decirle a una Dra., mientras cierro los ojos por última vez, que cada momento que ha pasado a mi lado ha sido especial, porque es el mejor regalo que alguien te puede hacer: salvarte la vida con cada recuerdo y cada sentimiento que compartió contigo y que seguirá teniendo presentes a lo largo de su vida. Porque, ese, para mí, es el verdadero sentido de vivir mi querido Ciborg-pitufo: lograr cambiar un poquito de alguien y dejar tu huella en él, para poder seguir aportando al Mundo algo de tí mientras esa persona te mantiene viva en el recuerdo.